Desde nuestro profundo desconocimiento de Oriente y más en concreto de Japón, tendemos a asociar su imagen con la de una sociedad consevadora fosilizada en la tradición, en la cual solo de forma relativamente reciente conviven la herencia con la radical modernidad… tecnológica.

Es cierto que lo que nosotros acogemos bajo el paraguas de la cultura general está conformado por la cultura occidental, y que lo que entendemos por feminismo parece haber existido solo en Inglaterra, Estados Unidos y en nuestros propios países. Resulta evidente que no es así y que en diferentes lugares se ha entendido el feminismo de una forma u otra dependiendo de su propio contexto y tradición.

En Japón, en concreto, también existieron mujeres a principios de siglo XX que a su manera exalzaron a la mujer e intentaron vivir una vida más libre y completa. Las mogas, o “chicas modernas”, eran mujeres jóvenes muy elegantes e instruidas, que reclamaban su derecho a emanciparse y se vestían según la moda occidental.

La escritora Nobuko Yoshiya (1896-1973) fue una de ellas. La autora pertenecía a una familia samurái con cinco hijos de los cuales era ella la única niña. Es posible que este hecho tuviese un impacto en su forma de ver el mundo, y que quisiese para ella la misma libertad que veía gozar a sus hermanos.

En 1915 se fue a vivir a Tokio y allí empezo a asistir a la reuniones de la revista feminista Seitô. Como buena moga, adoptó un estilo andrógino y fue una de las primeras japonesas en lucir pelo corto y en tener y conducir su propio coche.

Hana

Autora prolífica y de éxito, escribió sobre mujeres, en concreto sobre sus relaciones y la intensidad emocional de estas. Su primera obra, Hana mogatari (“Historias de flores”) son 52 narraciones breves cada una de ellas ilustradas por el artista Jun’ichi Nakahara. Sus ilustraciones retrataban a jovencitas en edad escolar con los ojos grandes y redondos que caracterizan el estilo gráfico del shôjo manga. Es más, Yoshiya utiliza en sus narraciones muchos de los motivos que luego estarán presentes también en este, como el dormitorio de la escuela como escenario, el imaginario repleto de flores y un estilo próximo a la ensoñación. Estudiosos del manga sostienen que Osamu Tezuka se inspiró en su estilo y el tono de sus obras para la creación de Astroboy.

La aportación de Yoshiya no se acaba aquí, sin embargo. Introdujo las relaciones entre mujeres, tanto en su vertiente más platónica (women love) como en su lado más carnal (yuri), como por ejemplo en Yaneura no nishojo (“Dos vírgenes en el ático”). Y lo mismo hizo en su vida privada, ya que fue pareja de por vida con otra moga, Chiyo Monma.

Cabe destacar que las relaciones homosexuales, sobre todo entre parejas de edades diferentes, eran toleradas por la sociedad japonesa de los años 10 y 20 del siglo XX. Se consideraba que, al menos en el caso de las femeninas, estas relaciones eran una preparación para el matrimonio posterior. De aquí que tengan tanta presencia tanto en la literatura como en el manga.

En su obra hay una ausencia de autoridad masculina dominante. Revelador es el título Danasama muyo (“Los maridos son inútiles”). Más adelante, la autora abandonara las protagonistas colegialas para pasar a retratar a amas de casa y la infelicidad de sus matrimonios. ¿La podríamos considerar una precursora también del josei?

Si vais a la prefectura de Kanagawa podéis visitar el Yoshiya Nobuko Memorial Museum, sito en la casa que construyño ella misma y que compartió con Chiyo Monma.